ExxonMobil quiere convertir la captura y almacenamiento de carbono en un nuevo negocio global. La petrolera está invirtiendo miles de millones de dólares en una red de tuberías en la costa del Golfo de Estados Unidos para transportar CO₂ industrial y almacenarlo bajo tierra.
El proyecto aspira a ser la mayor plataforma de captura de carbono del mundo. La infraestructura, valorada en más de 5.000 millones de dólares, conecta Texas, Luisiana y Mississippi mediante unas 900 millas de oleoductos. Su objetivo es captar emisiones de industrias intensivas, como fertilizantes, hidrógeno, amoníaco, refino o acero, y llevarlas hasta formaciones geológicas profundas.
La costa del Golfo concentra grandes emisores, experiencia energética, redes industriales y subsuelo apto para almacenar CO₂. Además, la compañía ya explora oportunidades en Canadá, Taiwán, Singapur y otros mercados.
Un negocio que depende de regulación, clientes y subsidios
La captura de carbono gana peso porque muchas empresas necesitan reducir emisiones sin detener su actividad. También porque la regulación empieza a premiar los productos con menor huella climática. El mecanismo europeo de ajuste en frontera del carbono, por ejemplo, puede favorecer a exportadores capaces de demostrar procesos industriales más limpios.
La inversión global en esta tecnología alcanzó 6.600 millones de dólares el año pasado, frente a 4.100 millones en 2024. El número de plantas comerciales en operación creció hasta 77, con otras 44 en construcción.
Los centros de datos también están impulsando el mercado. Las grandes tecnológicas necesitan cada vez más energía por el auge de la inteligencia artificial, pero mantienen objetivos climáticos exigentes. Esa presión está abriendo espacio para soluciones industriales con menor contenido de carbono.
Uno de los casos clave es CF Industries, que opera una gran planta de fertilizantes cerca de Donaldsonville, en Luisiana. La empresa planea construir una instalación de amoníaco bajo en carbono por 4.000 millones de dólares y ya ha invertido 200 millones en una unidad capaz de comprimir y enviar hasta dos millones de toneladas de CO₂ al año por la red de Exxon.
La oposición local amenaza el despliegue
El problema para Exxon está en Luisiana. El estado tiene una de las mejores geografías para almacenar CO₂ en Estados Unidos, pero también una fuerte resistencia social y política.
Actualmente, de acuerdo con Oil&Gas Watch, el panorama de proyectos de este tipo en el estado de Luisiana es algo similar a esto:

John Fleming, tesorero estatal y candidato republicano al Senado, ha acusado a estos proyectos de querer convertir Luisiana en un vertedero de carbono para el resto del país. También sostiene que la tecnología depende de subsidios públicos y puede afectar a los derechos de propiedad.
La agencia de desarrollo económico de Luisiana advierte de que la oposición puede poner en riesgo más de 75.000 millones de dólares en inversión industrial propuesta. El debate, por tanto, ya no es solo climático. Afecta a empleo, permisos, suelo, fiscalidad y aceptación social.
Los grupos ecologistas rechazan la captura de carbono porque la ven como una vía para prolongar la actividad fósil. También alertan de posibles fugas en tuberías, contaminación de aguas subterráneas y nuevos impactos sobre comunidades que ya soportan una elevada carga industrial.
Más de cien pozos y una moratoria
Luisiana ha recibido solicitudes para más de cien pozos de inyección de compañías como Exxon, Shell y Air Products. En octubre, el gobernador Jeff Landry ordenó una moratoria sobre nuevas solicitudes por motivos de seguridad, impacto ambiental, derechos de propiedad y volumen de expedientes.
Exxon sostiene que frenar los permisos puede desviar inversiones hacia otros estados. La empresa defiende que sus tuberías de CO₂ tienen una tasa de incidentes inferior a otras infraestructuras que transportan líquidos peligrosos y asegura que la red se vigila de forma continua desde Houston.
La oposición, sin embargo, recuerda incidentes como la fuga de CO₂ en Mississippi en 2020, que provocó decenas de hospitalizaciones. Para los críticos, el despliegue no puede tratarse como una simple extensión de la infraestructura energética tradicional.
Una prueba para la captura de carbono
El plan de Exxon puede ser una herramienta para descarbonizar procesos difíciles y abrir una nueva fuente de ingresos. Para sus detractores, corre el riesgo de convertirse en una coartada para mantener el modelo fósil.
La tecnología necesita clientes, subsidios, permisos y geología favorable. Pero también necesita confianza pública. Y ahí está el verdadero cuello de botella.
Exxon quiere levantar el mayor negocio de captura de carbono del mundo en una región acostumbrada al petróleo, al gas y a las grandes infraestructuras. La paradoja es clara: el proyecto puede depender menos de lo que ocurra bajo tierra que de lo que acepten las comunidades en la superficie.
