Ignis ha empezado a testar el terreno ante grandes inversores internacionales para preparar una posible salida a Bolsa después del verano. La energética española, fundada y controlada por Antonio Sieira, ha mantenido varias reuniones en Londres con el objetivo de comprobar si existe demanda suficiente para una colocación que podría aportar entre 300 y 500 millones de euros.
La operación se articularía, principalmente, mediante una oferta pública de suscripción, una OPS. Es decir, la compañía emitiría nuevas acciones para captar capital fresco. Esa fórmula permite reforzar el balance y financiar crecimiento sin que todo el protagonismo recaiga en la venta de títulos por parte de los accionistas actuales.
La estructura también podría incorporar un tramo menor de oferta pública de venta, una OPV. En ese caso, se colocarían acciones ya existentes. Esta vía abriría la puerta a que Vortex Energy, fondo gestionado por el inversor egipcio EFG Hermes y actual socio minoritario de Ignis, vendiera parte de su participación.
Una valoración cercana a los 1.500 millones
Según el planteamiento trasladado al mercado, la valoración total de Ignis en la potencial colocación podría rondar los 1.500 millones de euros. La operación se ejecutaría en Bolsas y Mercados Españoles, siempre que las condiciones de mercado acompañen y que el interés detectado en esta primera ronda se traduzca después en demanda efectiva.
El proceso cuenta ya con tres grandes bancos como coordinadores globales: Citi, Santander y Morgan Stanley. Todavía quedaría por definir el resto del sindicato bancario, es decir, las entidades que participarían como colocadores y apoyarían la distribución de las acciones entre inversores institucionales.
Si finalmente se hace efectivo, Ignis se convertiría en uno de los nombres llamados a reactivar el mercado español de salidas a Bolsa. Este año, el mercado continuo ya cuenta con el proceso de la ingeniería TSK, mientras que otros candidatos siguen pendientes de una ventana bursátil más estable.
La ventana bursátil vuelve a abrirse, pero con cautela
El calendario de Ignis encaja con un momento de transición en los mercados, tras meses marcados por la volatilidad geopolítica, la expectativa de una cierta estabilización en Oriente Próximo y el empuje de las compañías tecnológicas vinculadas a la inteligencia artificial han devuelto algo de tracción a las Bolsas europeas.
Sin embargo, una operación de este tipo necesita varias semanas de mercado relativamente tranquilo para que la compañía pueda presentarse ante los inversores, recibir órdenes de compra y fijar un precio que sea aceptable para todas las partes.
En los últimos años, varias empresas han logrado debutar en Bolsa en España, entre ellas Acciona Energía, Ecoener, Cox, HBX, Cirsa o Puig. No obstante, la evolución posterior de muchas de esas cotizaciones ha dejado pérdidas latentes para los inversores que acudieron a las colocaciones.
Centros de datos como argumento de crecimiento
En sus encuentros con inversores, Ignis ha puesto el foco en una línea de negocio que va más allá de la generación renovable tradicional: los centros de datos. La compañía quiere presentarse como un actor capaz de cubrir varias necesidades de estas instalaciones, cada vez más intensivas en consumo eléctrico, disponibilidad de suelo y acceso a infraestructuras.
Su propuesta no se limitaría al suministro de energía. Ignis plantea una oferta integrada que incluiría la gestión de conexiones a la red eléctrica y al agua, además de tareas previas como la identificación de emplazamientos y la tramitación inicial de permisos. En un área en la que el factor limitante no siempre es la energía, sino el acceso físico y administrativo al proyecto, esta propuesta puede ser particularmente interesante.
Solaria, ya cotizada, captó 300 millones de euros a finales de abril mediante una ampliación de capital para financiar sus propios planes vinculados al desarrollo de centros de datos. El mensaje para el mercado es evidente: parte del sector renovable busca nuevas fuentes de crecimiento en torno a la demanda eléctrica de la economía digital.
Por qué las renovables miran hacia la demanda tecnológica
El giro hacia los centros de datos también responde a una realidad menos cómoda para las compañías renovables. La evolución futura de los precios eléctricos introduce incertidumbre en los ingresos de las plantas que venden su producción al mercado. Más renovables, más horas de precios bajos y más riesgo de canibalización obligan a buscar modelos con mayor estabilidad.
Los centros de datos ofrecen una demanda eléctrica intensa, constante y con necesidades de seguridad de suministro. Para una energética con cartera renovable, capacidad de gestión y conocimiento de la red, ese cliente industrial puede convertirse en una vía para capturar valor más allá del precio horario del mercado mayorista.
Ignis intenta encajar no solo como propietario o gestor de activos renovables, sino como plataforma capaz de conectar generación, infraestructura y demanda tecnológica. Ese posicionamiento será relevante si la compañía quiere justificar una valoración ambiciosa en Bolsa.
El tamaño actual de Ignis
Ignis nació en 2015 de la mano de un grupo de profesionales liderado por Antonio Sieira. Actualmente cuenta con alrededor de 1.000 MW de plantas de generación en propiedad, entre activos operativos y proyectos en construcción.
Además, la compañía gestiona unos 10.000 MW de activos propios y de terceros, lo que le da una dimensión mayor que la derivada estrictamente de su cartera en balance. A ello se suma su presencia en hidrógeno, donde mantiene una filial conjunta con el fondo KKR.
Vortex Energy, por su parte, ha invertido 300 millones de euros en Ignis desde 2021. La posible salida a Bolsa permitiría ordenar una nueva etapa societaria, financiar crecimiento y ofrecer cierta liquidez parcial a accionistas existentes, aunque el peso principal de la operación recaería en la ampliación de capital.
Una operación que medirá el apetito real por la energía
La potencial salida a Bolsa de Ignis llega en un momento delicado para las energéticas con exposición renovable. El mercado reconoce el crecimiento del sector, pero también exige más visibilidad sobre precios, retornos, contratos y capacidad de diferenciarse en un entorno donde tener megavatios ya no basta.
Por eso, el relato de Ignis ante los inversores no se apoya solo en su cartera de generación. También se articula alrededor de la infraestructura energética que necesitan los centros de datos, la gestión de conexiones y la capacidad de convertir activos eléctricos en una plataforma de servicios para grandes consumidores industriales.
La operación será, si avanza, una prueba para varias cosas a la vez: el apetito inversor por nuevas cotizadas españolas, la confianza en las renovables tras años de cotizaciones irregulares y la credibilidad del vínculo entre energía, digitalización e infraestructura crítica.
El mercado español busca nuevas referencias
España necesita que las salidas a Bolsa vuelvan a funcionar con cierta normalidad. No solo por las compañías que quieren financiar crecimiento, también por los inversores que reclaman operaciones con tamaño, liquidez y tesis comprensibles.
Ignis puede convertirse en una de esas referencias si consigue convencer al mercado de que su negocio no depende únicamente del precio eléctrico, sino de una combinación más amplia de generación, gestión de activos y demanda tecnológica. La diferencia entre una buena presentación y una buena salida a Bolsa estará, como siempre, en el precio, la demanda real y la paciencia de unos inversores que ya han visto demasiados estrenos difíciles.
