21/04/2026
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Una advertencia que sitúa a Ormuz en el centro del riesgo energético

Europa afronta un escenario de tensión creciente en el suministro energético. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha lanzado una señal poco habitual por su contundencia. Según su director ejecutivo, Fatih Birol, el continente dispone de apenas seis semanas de reservas de combustible de aviación si se mantienen las disrupciones asociadas al conflicto con Irán y las restricciones en el estrecho de Ormuz.

La declaración, realizada en una entrevista con Associated Press, coloca el foco en un cuello de botella crítico para el sistema energético global. Por ese paso marítimo circula una proporción relevante del petróleo y del gas que abastecen a los mercados internacionales. Cualquier alteración sostenida en ese flujo tiene un efecto inmediato sobre la cadena de suministro energética, con especial impacto en productos refinados como el queroseno.

Riesgo operativo en el transporte aéreo y efecto dominó en precios

Birol anticipa que, si no se restablece la normalidad en el tránsito de crudo y gas, Europa podría empezar a registrar cancelaciones de vuelos por falta de combustible de aviación.

La tensión sobre la oferta energética se trasladaría de forma progresiva a los precios de la gasolina, el gas y la electricidad, ampliando el alcance de la crisis. En ese contexto, el encarecimiento energético actuaría como un vector directo sobre la inflación y podría erosionar el crecimiento económico en varias regiones.

Primeras señales en aeropuertos europeos

Varios aeropuertos europeos ya han sido advertidos de posibles restricciones en el suministro de combustible, con Italia como uno de los primeros focos de tensión.

Bolonia, Milán Linate, Treviso o Venecia han recibido avisos sobre limitaciones temporales en el repostaje, vinculadas a la menor disponibilidad de queroseno por parte de los proveedores. En este contexto, se plantea priorizar vuelos sanitarios, estatales y de largo radio, mientras que el resto podría verse afectado si la situación persiste.

Reino Unido ya ha registrado cancelaciones puntuales de rutas, mientras que Francia presenta uno de los mayores desajustes entre oferta y demanda de combustible de aviación, aunque con mayor capacidad de compensación gracias a su acceso terrestre a hubs como Países Bajos o Bélgica.

Mercados tensionados y un Brent al alza

El aviso de la AIE coincide con un momento de elevada volatilidad en los mercados. El crudo Brent se ha situado en torno a los 95,7 dólares por barril, reflejando el escepticismo de los inversores sobre una resolución rápida de las tensiones geopolíticas.

Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán no han logrado, por ahora, disipar las dudas sobre la continuidad del tráfico energético en la zona. En paralelo, el estrecho de Ormuz sigue operando como un punto crítico del sistema, dado su papel estructural en el comercio global de hidrocarburos.

Repsol vuelve a Venezuela. más oferta en el radar

En este contexto de precios tensionados, empiezan a tomar forma movimientos orientados a reforzar la oferta global de crudo. Repsol está a punto de recuperar el control operativo de sus activos en Venezuela, tras alcanzar un acuerdo con el gobierno del país caribeño y la petrolera estatal PDVSA.

El pacto incorpora un sistema de pago garantizado, diseñado para evitar los problemas de cobro que habían condicionado la operativa en el pasado. Además, contempla un plan de crecimiento relevante. La compañía prevé triplicar la producción en un plazo de tres años, lo que introduce una señal potencial de aumento de oferta en el medio plazo.

La operación llega tras la interrupción del marco firmado en 2023, que perdió vigencia cuando Estados Unidos revocó las licencias de varias compañías occidentales para operar en Venezuela. Esa decisión se enmarcaba en la estrategia de presión sobre Caracas. La evolución reciente del contexto político ha abierto una nueva fase, con una relajación progresiva de sanciones y una mayor apertura a la inversión internacional.

Producción, deuda y reposicionamiento en el mercado venezolano

El acuerdo no incluye un compromiso explícito de devolución de los más de 4.500 millones de dólares pendientes que Repsol reclama por suministros anteriores. Sin embargo, el nuevo esquema de pagos introduce certidumbre para la producción futura, reduciendo uno de los principales riesgos operativos.

Repsol mantiene una posición destacada en Venezuela. Posee un 40% del yacimiento Petroquiriquire, que produce en torno a 45.000 barriles diarios. El plan contempla elevar la producción un 50% en el corto plazo y escalarla progresivamente en los próximos años. En paralelo, la compañía participa junto a Eni en el campo gasista Perla, clave para el suministro interno del país.

Este movimiento se inserta en un intento más amplio de reactivar la industria petrolera venezolana. El país, que concentra las mayores reservas de crudo del mundo, ha visto cómo su producción caía desde 3,5 millones de barriles diarios en los años noventa hasta cerca de un millón en la actualidad.

Desde Washington, la presión sobre las grandes petroleras apunta a movilizar inversiones del orden de 100.000 millones de dólares para reforzar la oferta global y contener la escalada de precios. Aun así, el sector mantiene cautela ante un entorno que sigue presentando incertidumbres regulatorias y operativas.

La reapertura de Ormuz, variable clave para estabilizar el sistema

Desde la perspectiva de la AIE, la normalización del tránsito por Ormuz se ha convertido en el principal factor de alivio para los mercados energéticos. Su reapertura plena permitiría reducir la presión sobre la oferta y contribuiría a moderar los precios, con efectos directos sobre la estabilidad económica global.

El organismo recuerda que ya activó en marzo una liberación extraordinaria de reservas estratégicas entre sus países miembros. El objetivo fue amortiguar el impacto inicial de las disrupciones, aunque el margen de actuación no es ilimitado si la situación se prolonga.

Impacto desigual, con mayor presión sobre economías emergentes

El deterioro del sistema energético no se distribuirá de manera homogénea. Según Birol, las economías asiáticas y, en particular, los países en desarrollo de Asia, África y América Latina serán los primeros en absorber el impacto.

Estas regiones presentan una mayor exposición a la volatilidad de precios y a las restricciones de suministro. Europa y América, aunque también afectadas, experimentarían un deterioro más gradual, condicionado por su capacidad de acceso a reservas y diversificación de fuentes.

Riesgo regulatorio en los pasos marítimos estratégicos

Más allá del corto plazo, la AIE introduce un elemento adicional de preocupación. El establecimiento de peajes por parte de Irán a determinados buques que atraviesan Ormuz podría sentar un precedente con implicaciones sistémicas.

Birol advierte de que este tipo de prácticas podría extenderse a otros puntos críticos del comercio global, como el estrecho de Malaca. La fragmentación del principio de libre tránsito energético añadiría nuevas capas de incertidumbre a un sistema ya tensionado.

Un sistema bajo presión, con margen limitado de reacción

El flujo de crudo y gas debe mantenerse sin interrupciones para evitar un deterioro adicional de la situación. En un contexto de inventarios ajustados y alta dependencia de rutas estratégicas, la resiliencia del sistema energético europeo se enfrenta a una prueba inmediata.

La combinación de tensiones geopolíticas, presión sobre los precios y posibles disrupciones logísticas configura un escenario donde el margen de maniobra se reduce. Si la situación en Ormuz no se estabiliza, el impacto podría escalar desde el transporte aéreo hasta el conjunto de la economía.