Italia pretende acercar el precio del gas negociado en su Punto di Scambio Virtuale (PSV) al del Title Transfer Facility (TTF) neerlandés. Sin embargo, el mecanismo elegido ha trasladado el debate desde el coste de la energía hacia la solidez del índice que sirve de referencia a una parte amplia del mercado.
Los operadores consultados por Montel advierten de que la reforma podría modificar la formación de precios y obligar a revisar miles o incluso millones de contratos de gas.
La medida deriva del artículo 10 del Decreto-ley 21/2026, convertido posteriormente en la Ley 49/2026. La norma encargó a la Autoridad Reguladora de Energía, Redes y Medio Ambiente italiana, conocida como ARERA, la creación de un servicio de liquidez que introduzca oferta de gas vinculada al TTF.
El conflicto aparece porque la subasta diseñada para ejecutar ese servicio coincidiría con la franja utilizada para calcular el Italian Gas Index (IGI), uno de los indicadores empleados como referencia en los contratos del mercado italiano.
Por qué el PSV cotiza por encima del TTF
El TTF neerlandés funciona como principal referencia del gas europeo por su liquidez y profundidad de negociación. El PSV desempeña una función equivalente en Italia, aunque suele cotizar con una prima porque el sistema necesita importaciones marginales procedentes del norte de Europa.
Esos volúmenes atraviesan varias redes y acumulan tarifas de entrada y salida antes de alcanzar Italia a través de Suiza. El precio italiano debe cubrir ese coste para atraer el gas necesario cuando la oferta procedente de otras rutas no basta para atender la demanda.
ARERA calculó que el spread medio entre ambos hubs alcanzó 2,06 euros por megavatio hora en 2024 y 2,33 euros por megavatio hora en 2025. Además, sus datos muestran que las entradas por Passo Gries aumentan cuando se amplía la prima italiana, lo que confirma la relación entre el diferencial y el coste de importar la última unidad necesaria de suministro.
El Gobierno italiano busca reducir ese sobrecoste mediante un servicio financiado con un límite de 200 millones de euros, procedentes de la venta de gas almacenado por el sistema. ARERA también incluye en sus cálculos el posible ahorro sobre la generación eléctrica durante las horas en las que las centrales de gas fijan el precio mayorista. Los detalles figuran en la consulta 198/2026/R/gas de ARERA.
Una subasta dentro del mercado continuo
Snam Rete Gas seleccionaría mediante procedimientos competitivos a los operadores encargados de aportar liquidez. A cambio de una prima, las empresas asumirían varias obligaciones:
- Ofrecer diariamente volúmenes predeterminados en el mercado italiano de gas al contado.
- Limitar sus ofertas al precio del TTF para el día siguiente o el fin de semana, más un complemento de volatilidad.
- Respetar para ese complemento un máximo que ARERA propone fijar en 0,50 euros por megavatio hora.
- Introducir físicamente en la red italiana, inicialmente por Passo Gries, el gas que resulte vendido.
La nueva sesión se celebraría en el Mercado del Día Anterior del Gas (MGP-GAS) entre las 17:15 y las 17:30. Durante esos quince minutos se suspendería la negociación continua de los productos del día siguiente y del fin de semana.
Todas las empresas podrían presentar órdenes de compra y venta, aunque solamente los adjudicatarios del servicio estarían sujetos a compromisos de volumen y precio. El cruce de ofertas produciría un único precio marginal, calculado a partir del mayor volumen que pudiera casarse.
Actualmente, el IGI se obtiene mediante la media aritmética de las operaciones cerradas en negociación continua durante esa misma franja. Con la propuesta de ARERA, el resultado de la subasta pasaría a determinar el valor del índice y sustituiría el método vigente.
El riesgo se extiende más allá de la subasta
Los contratos no se revisan porque un índice suba o baje. La incertidumbre aparece cuando cambia su metodología o cuando los operadores cuestionan que siga representando las condiciones ordinarias del mercado.
Al colocar oferta incentivada en el momento exacto en que se forma el IGI, el servicio podría condicionar el precio utilizado después como referencia en otros acuerdos. Aunque los volúmenes adjudicados fueran limitados, su influencia se extendería a través de los contratos indexados al indicador.
Energy Traders Europe considera que esta arquitectura puede debilitar la fiabilidad del índice. Nacho Garcia-Lajara, de Wood Mackenzie, señala que una modificación relevante de las referencias gasistas podría activar negociaciones contractuales o empujar a las partes a utilizar de nuevo el TTF.
El alcance potencial no depende únicamente del gas vendido durante esos quince minutos. Los índices ligados al PSV se emplean para valorar operaciones que exceden ampliamente el volumen intercambiado durante la ventana de cálculo. De ahí que las estimaciones recogidas por Montel abarquen desde miles hasta millones de contratos.
Confindustria también ha pedido que cualquier decisión de mantener la subasta de forma permanente se adopte después de estudiar sus efectos sobre el IGI, los indicadores elaborados por ICIS-Heren y los contratos vigentes.
Dos lecturas sobre la formación del precio
ARERA sostiene que concentrar liquidez en una subasta multilateral permitiría maximizar el volumen casado y obtener un precio único mediante un procedimiento transparente. Desde esta perspectiva, incorporar más oferta vinculada al TTF debería estrechar el diferencial italiano y mejorar la conexión con el mercado europeo.
Los críticos sitúan el problema en la procedencia de esa liquidez. Parte de las ventas respondería a obligaciones remuneradas y sujetas a un límite de precio. Si esas órdenes participan en la determinación del IGI, el indicador podría reflejar el diseño del apoyo público junto con el equilibrio entre oferta y demanda.
Lorenzo Parola, de Parola Associati, adopta una posición menos alarmista. Considera que el resultado dependerá de la redacción definitiva y que existe margen para articular el servicio sin deformar el mercado. La distancia entre ambas posiciones reside en unos detalles regulatorios que todavía no están cerrados.
El diseño definitivo marcará el alcance
La consulta de ARERA terminó el 6 de julio. Permanecen pendientes la duración del servicio, los volúmenes que saldrán a concurso, los límites económicos definitivos y la continuidad de la subasta cuando se agoten los recursos asignados.
El regulador también deberá resolver cómo se preserva la representatividad de los índices empleados en los contratos existentes. Convertir la subasta en una pieza estructural del mercado tendría consecuencias distintas a mantenerla únicamente durante la vigencia del apoyo económico.
Italia intenta corregir una prima vinculada en buena medida a su estructura de suministro y a los costes acumulados del transporte desde el norte de Europa. El servicio de liquidez puede reducirla si aporta suficiente gas en el momento adecuado. Su prueba más exigente será conseguirlo sin transformar el índice que mide el mercado en una pieza del propio mecanismo de intervención.
