30/11/2025
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Reactivación en Japón y auge nuclear internacional

Japón ha autorizado la reactivación de la central de Kashiwazaki-Kariwa, considerada la mayor instalación nuclear del mundo, más de una década después de su cierre tras el desastre de Fukushima. La decisión se produce en un momento en que la energía nuclear vuelve a ganar peso en las estrategias de seguridad energética y descarbonización de numerosos países. En la actualidad hay 407 reactores en operación en el mundo y 64 reactores en diferentes fases de construcción, lo que refleja una fase de expansión de esta tecnología.

Fuente: World Nuclear Industry Status Report, 1/10/2025, https://www.worldnuclearreport.org/reactors.html#tab=iso;status=C

Estos proyectos se concentran sobre todo en Asia, mientras que varios Estados de Europa, Norteamérica y Oriente Medio impulsan nuevas plantas o amplían instalaciones existentes, en algunos casos mediante reactores modulares pequeños. En paralelo, más de una treintena de países han respaldado objetivos orientados a aumentar de forma significativa la capacidad nuclear instalada de aquí a 2050, como complemento a las energías renovables.

En este contexto, la luz verde a una de las unidades de Kashiwazaki-Kariwa por parte del gobernador de la prefectura de Niigata reactiva una central detenida desde 2011 y se enmarca en el cambio de enfoque de Japón respecto al papel de la energía nuclear en su mix energético.

Reactivación de Kashiwazaki-Kariwa en Niigata

La central de Kashiwazaki-Kariwa se encuentra en la prefectura de Niigata y es propiedad de Tokyo Electric Power Company (Tepco). Japón ha aprobado la reactivación de una de sus unidades de reactor, lo que supone reabrir la que se considera la mayor central nuclear del mundo más de diez años después de su cierre a raíz del accidente de Fukushima.

El gobernador de Niigata ha autorizado la puesta en marcha de esa unidad, con lo que se supera el último gran trámite necesario para que la instalación pueda volver a operar.

El paréntesis nuclear tras el accidente de Fukushima

Tras el accidente de Fukushima en 2011, causado por un tsunami que interrumpió los sistemas de refrigeración y derivó en la fusión del núcleo de varios reactores, Japón redujo de forma drástica su uso de la energía nuclear. La participación de esta tecnología en el mix eléctrico cayó prácticamente a cero.

Antes del accidente, la energía nuclear aportaba alrededor del 30 % de la generación eléctrica del país. Después de Fukushima dejó de desempeñar ese papel, aunque en los años posteriores Japón ha ido reabriendo parte de su parque, con 14 de los 54 reactores cerrados ya de nuevo en funcionamiento. Además de esos reactores reabiertos, cuatro unidades más están a la espera de recibir la aprobación de las administraciones locales y ocho siguen pendientes de la decisión del organismo regulador.

Características de la central y medidas de seguridad

La central de Kashiwazaki-Kariwa utiliza en algunas de sus unidades un diseño de reactor similar al de las tres unidades de Fukushima que sufrieron la fusión del núcleo en 2011. La potencia potencial del emplazamiento se sitúa en torno a los 8.000 megavatios, lo que convierte a la instalación en la mayor central nuclear del mundo.

La energía generada está destinada a suministrar electricidad a Tokio y al conjunto de la región de Kantō. En los años posteriores al accidente, Tepco recibió fuertes críticas por su cultura corporativa, un factor que ha influido en la oposición local a la reapertura de instalaciones gestionadas por la compañía.

Para responder a estas preocupaciones, la empresa ha introducido medidas adicionales de seguridad en Kashiwazaki-Kariwa. Entre ellas se encuentra un mayor énfasis en los controles de seguridad biométrica, tras la detección de fallos en los sistemas de detección de intrusos y el uso inadecuado de tarjetas de identificación en la planta.

Costes energéticos y nueva estrategia nuclear japonesa

El reinicio de Kashiwazaki-Kariwa se produce mientras Japón afronta costes energéticos elevados. El país importa la mayoría de su energía en forma de petróleo y gas, por lo que su factura está muy vinculada a la evolución de los mercados internacionales y al tipo de cambio del yen.

Según datos publicados por las propias compañías eléctricas, el apagón nuclear tuvo un impacto directo en sus cuentas. En 2014, las nueve principales eléctricas niponas destinaron en torno a 10.000 millones de euros, al mantenimiento de reactores nucleares parados, incluidos los costes asociados a Fukushima Daiichi y a la propia Kashiwazaki-Kariwa, y ese sobrecoste contribuyó a que el precio de la electricidad se encareciera entre un 25 % y un 40 % para hogares y empresas respecto a 2011.

En este contexto, el principal portavoz del Gobierno, Minoru Kihara, ha indicado que la reactivación de la central es muy importante para reducir los precios de la electricidad y asegurar el suministro de energía procedente de fuentes descarbonizadas. Japón ha revisado su enfoque sobre la energía nuclear y se ha comprometido a maximizar el uso de fuentes de generación descarbonizadas, entre ellas las renovables y la nuclear.

De acuerdo con los planes oficiales, el país pretende que aproximadamente un 20 % del suministro eléctrico en 2040 proceda de la energía nuclear, frente a una cuota actual cercana al 8,5 %. Este objetivo se integra en la meta de reducir la proporción de combustibles fósiles en la generación eléctrica desde casi el 70 % en 2023 hasta una horquilla de entre el 30 % y el 40 %. En paralelo, Kansai Electric Power se ha convertido en la primera empresa desde el accidente de Fukushima en avanzar en la planificación de un nuevo reactor nuclear en Japón.