19/02/2026
Portada » Italia agita el mercado eléctrico, un decreto pretende sacar el CO₂ de la factura
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Italia prepara una reforma profunda de su mercado eléctrico, la idea es simple: evitar que el coste del CO₂ se traslade a la electricidad que pagan hogares y empresas. La filtración del borrador ya ha provocado un ajuste brusco en los mercados a plazo.

El texto, conocido como “Decreto Energía”, debe debatirse este miércoles. Su mecanismo central consiste en compensar a las centrales de gas por lo que pagan en derechos de emisión del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE (EU ETS). En un sistema donde el gas suele marcar el precio marginal, el efecto se multiplica. Si el gas deja de incorporar el CO₂ al precio, el resto del mercado lo nota.

Un alivio millonario con un efecto dominó en precios y márgenes

Italia figura entre los países con electricidad más cara de Europa. En precios para empresas aparece en segunda posición, y para hogares en cuarta. La reforma persigue miles de millones de euros de alivio para consumidores e industrias electrointensivas, justo cuando la competitividad industrial se ha vuelto un tema de supervivencia, no de eslogan.

Los mercados han reaccionado antes que los boletines oficiales. El precio del Cal 27 en Italia cayó por séptima sesión consecutiva y acumula casi un 15% de descenso en el mes, a medida que los traders se adelantan al posible cambio de reglas. 

Ganadores y perdedores

El modelo marginalista actual beneficia a quienes cobran el precio del sistema incluso si generan más barato. Con el decreto, ese “suelo” puede bajar. El resultado probable es presión sobre los márgenes de utilities y de generadores renovables, entre ellos Enel, Edison y ERG, cuyos ingresos se apoyan en el esquema vigente.

En términos prácticos, el decreto propone algo parecido a poner un aislante entre el mercado eléctrico y el precio del carbono

El marginalismo, otra vez en el punto de mira europeo

En Europa, la última unidad necesaria para cubrir la demanda, a menudo una central de gas, fija el precio para todos. Cuando sube el CO₂, el gas lo repercute, y la electricidad se encarece incluso si las renovables están aportando gran parte de la energía.

Ese sistema arrastra polémica desde la crisis de 2022, cuando el gas disparó la factura eléctrica hasta niveles récord. La UE retocó su diseño de mercado en 2023, pero mantuvo intacta la lógica del precio marginal. Bruselas se ha resistido a intervenciones más profundas, aunque la presión política no ha desaparecido.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, adelantó este mes que el bloque volverá a revisar el asunto antes de la cumbre de marzo. Habló de presentar opciones y hallazgos sobre si hace falta más reforma, y también prometió propuestas de ajustes en el mercado de carbono más adelante este año. A escala UE, cualquier cambio legislativo suele tardar entre uno y dos años. Italia intenta ir por delante.

CO₂ a 70 euros, gas al 42% y una compensación que cambia incentivos

Los derechos de emisión europeos casi se han triplicado en seis años y cotizan alrededor de 70 euros por tonelada. En ese contexto, retirar el CO₂ del precio eléctrico puede tener un impacto rápido, como resumió Florence Schmit (Rabobank). El carbono puede representar hasta el 30% del precio de la electricidad en varios mercados europeos, incluida Italia. Quitar esa pieza mueve el tablero en cuestión de días, no de trimestres.

El borrador incorpora además un calendario. A partir de 2027, la electricidad “limpia” quedaría protegida del impacto del precio del carbono. Mientras tanto, las centrales de gas recibirían una compensación por los costes de emisión que de otro modo trasladarían al consumidor.

Según el operador público Gestore dei Servizi Energetici, el gas aportó cerca del 42% de la generación italiana en 2024, frente a un 51,8% de renovables. Con esa mezcla, cualquier ajuste al coste operativo del gas no es una nota al pie. Es un cambio de incentivos.

El riesgo: abaratar el gas y complicar la ruta climática

Reembolsar el CO₂ reduce, de facto, el coste de operación de las centrales de gas. Eso podría favorecer más horas de funcionamiento fósil, precisamente cuando la UE tiene como horizonte la neutralidad climática en 2050. Además, el mecanismo probablemente encaje como ayuda de Estado, lo que implicaría aprobación de la Comisión Europea.

Un portavoz comunitario evitó comentar el contenido del borrador en detalle en una rueda de prensa en Bruselas. Cuando se toca el ETS, no solo se toca el recibo. Se toca una fuente de ingresos para los Estados.

Filtración, nervios y un mercado que detesta las sorpresas

El plan se mantuvo en silencio hasta que se filtró a finales de la semana pasada. Ese giro no ha gustado en el sector. Leonardo Santi, presidente de la asociación italiana de mayoristas y traders de energía, advirtió de que el anuncio repentino ha generado inestabilidad, debilitando la certeza regulatoria y alimentando la desconfianza entre operadores.

La tensión no es solo italiana. Gobiernos de toda Europa reciben presión de industrias, del acero a la química, para bajar costes energéticos. Pero muchos dudan a la hora de suavizar el precio del carbono porque los ingresos de las subastas de derechos del ETS sostienen parte de los presupuestos nacionales. La propuesta italiana apunta a una fórmula intermedia. Reciclar una porción de esos ingresos para devolverla, vía compensación, a los productores de electricidad.

Conclusión. Una reforma nacional con eco europeo

Italia quiere bajar la factura eléctrica atacando un componente que se ha vuelto enorme. El decreto promete alivio a consumidores e industria, pero también reabre el debate sobre el marginalismo, el papel del gas y la arquitectura del ETS. En la UE, los cambios suelen ser lentos. Italia está probando la vía rápida, con el riesgo de que el mercado, como siempre, sea el primero en votar con precios.