La Comisión Europea prepara un cambio en su política industrial: El enfoque inicial, más rígido y centrado en el “Hecho en Europa”, evoluciona hacia el “Hecho con Europa”. El viraje aparece en el nuevo borrador del Reglamento de Aceleración Industrial (Industrial Accelerator Act, IAA), cuya presentación está prevista para el 25 de febrero, tras el encuentro de líderes europeos del 12 de febrero de este año.
La UE contempla que ciertos productos fabricados en terceros países considerados socios de confianza puedan recibir un trato equivalente al contenido europeo. Es decir, no se elimina el criterio europeo, pero sí se abre una vía de reconocimiento externo bajo condiciones.
Un cambio regulatorio con letra pequeña y alcance político
El borrador mantiene la exigencia de contenido europeo para los Estados miembros y el Espacio Económico Europeo, sin embargo, habilita a la Comisión para incorporar países terceros mediante actos delegados, siempre que exista reciprocidad y contribución real a objetivos comunitarios como la competitividad, la resiliencia y la seguridad económica.
Bruselas también se reserva la opción de retirar la equivalencia si detecta incumplimientos graves de los compromisos asumidos. Es decir, se ofrece una puerta de entrada, pero con control político y capacidad de corrección.
Contratación pública y ayudas. Más flexibilidad para los Estados
La medida se integra en el capítulo dedicado a contratación pública y regímenes de ayudas en sectores estratégicos, con foco en actividades de alto consumo energético y automoción. El texto permite tres opciones regulatorias:
- Exigir contenido europeo.
- Exigir criterios de bajas emisiones de carbono.
- Exigir ambos requisitos a la vez.
La diferencia frente a versiones anteriores es que la redacción actual resulta menos cerrada y concede más margen a los Estados para escoger el criterio aplicable según contexto industrial y fiscal. Los anexos técnicos, que deberán fijar productos concretos y umbrales, todavía no se han publicado.
El diagnóstico de fondo. Europa pierde peso industrial relativo
El ajuste normativo responde a una tensión conocida. Por un lado, la UE quiere reforzar su autonomía estratégica. Por otro lado, reconoce límites estructurales en un escenario global más competitivo. El propio memorando explicativo del reglamento recoge una caída de la cuota europea en el valor añadido industrial mundial, del 20,8% en 2000 al 14,3% en 2020.
A este retroceso se suman factores que tensionan la política industrial. Subsidios externos, sobrecapacidades internacionales y vulnerabilidades en cadenas de suministro dibujan un tablero en el que la teoría de la autosuficiencia total se topa con la realidad de costes, escala y tecnología.
Sectores prioritarios con efecto multiplicador
La propuesta identifica como estratégicos tres bloques: industrias electrointensivas, tecnologías de cero emisiones y automoción. Aunque juntos representan en torno al 15% de la producción manufacturera europea, su influencia supera ese porcentaje porque abastecen múltiples cadenas de valor.
En otras palabras, no son solo sectores en sí mismos, son piezas que sostienen el funcionamiento de muchas otras actividades industriales, desde la fabricación avanzada hasta la transición energética.
Tecnologías limpias y dependencia externa
En tecnologías limpias, la concentración geográfica de la producción preocupa especialmente a Bruselas. El texto advierte que la capacidad de fabricación está muy localizada fuera de la UE. El caso de China es paradigmático, con una posición dominante en capacidades mundiales de baterías y paneles solares.
Mientras tanto, las industrias electrointensivas europeas compiten con una mochila pesada: Costes energéticos altos, necesidades de inversión muy elevadas para descarbonizar procesos y rivales externos con estructuras de coste más favorables.
Objetivo 2035. Recuperar músculo manufacturero en la UE
El IAA fija una meta explícita, que la industria manufacturera vuelva a suponer al menos el 20% del PIB europeo en 2035. Para acercarse a esa cifra, el reglamento dibuja varias palancas:
Palancas previstas por el IAA
- Aceleración administrativa de permisos para proyectos industriales y de descarbonización.
- Creación de áreas de aceleración industrial para concentrar actividades estratégicas.
- Criterios de preferencia en contratación pública y ayudas para productos bajos en carbono y con mayor contenido europeo.
- Marco común para condicionar determinadas inversiones extranjeras directas superiores a 100 millones de euros en sectores emergentes estratégicos.
- Introducción de una etiqueta voluntaria de intensidad de emisiones para el acero, orientada a distinguir acero bajo en carbono y estimular su demanda interna.
La lógica busca atraer inversión con reglas más predecibles y evitar una carrera a la baja entre Estados miembros en la competencia por capital industrial.
El debate político. Apertura pragmática frente a proteccionismo duro
La posibilidad de equiparar productos de terceros países al contenido europeo acerca el texto a posiciones defendidas por Alemania y otros socios favorables a mercados abiertos. El argumento es que un proteccionismo rígido puede elevar costes para la industria europea y activar respuestas comerciales de terceros.
La Comisión sostiene que el giro hacia el “Made with Europe” no implica renunciar a la autonomía estratégica. Lo presenta como una combinación de protección selectiva y cooperación internacional condicionada, con compatibilidad formal con obligaciones multilaterales, incluidas las de la OMC, cuando entren en juego razones de orden público o seguridad económica.
Conclusión. Menos consigna, más arquitectura de poder industrial
El borrador del IAA sugiere una corrección de rumbo, Europa mantiene la ambición de fortalecer su base industrial, pero acepta que la autosuficiencia absoluta no encaja con el mapa real de capacidades globales. El paso de “Hecho en Europa” a “Hecho con Europa” resume esa transición.
No es un abandono de objetivos, es una adaptación táctica a que en una economía abierta, la diferencia entre estrategia y eslogan suele medirse en una pregunta incómoda. ¿Quién controla la tecnología, el empleo y la cadena de valor cuando llegan las tensiones reales del mercado?
